Dormir bien para envejecer mejor

El pasado 11 de junio, ALIURA organizó una charla sobre la importancia del sueño en el envejecimiento saludable, que recuperamos ahora para compartir los principales aprendizajes. La sesión contó con la participación de la Dra. Ana Fernández Arcos, neuróloga especializada en trastornos del sueño, y de Àngels Cobo, directora de la Oficina de Transformación Digital de Suara Cooperativa.

Durante el encuentro se habló de cómo cambia el sueño con la edad, de la frecuencia de los trastornos del sueño en las personas mayores y de la importancia de distinguir entre cambios normales y problemas que pueden tratarse para mejorar el descanso, la salud cerebral y la calidad de vida.

Si no pudiste asistir, te ofrecemos un resumen de los principales temas que se trataron.

¿Por qué dormimos peor con los años?

Con la edad, el sueño se vuelve más ligero. Es habitual tardar más en conciliarlo, despertarse varias veces durante la noche y pasar menos tiempo en las fases de sueño profundo. A estos cambios fisiológicos se suman a menudo cambios en los hábitos, especialmente tras la jubilación.

A pesar de tener menos obligaciones, no siempre se duerme mejor: los horarios pueden desregularse, se tiende a acostarse más tarde o a hacer siestas largas, y la actividad física suele disminuir. Todo ello puede acabar afectando a la calidad del sueño nocturno.

También influyen problemas de salud habituales en esta etapa, como el dolor crónico o las apneas del sueño. Además, existen diferencias de género: las mujeres presentan más problemas de insomnio, a menudo relacionados con los cambios hormonales de la menopausia.

¿Qué podemos hacer para dormir mejor?

Mejorar el descanso pasa, en gran parte, por cuidar los hábitos del día a día. Es recomendable reducir progresivamente el uso de pantallas antes de ir a dormir, evitar actividades que generen estrés y hacer cenas ligeras y tempranas. También es importante escuchar al cuerpo y acostarse cuando aparece el sueño, sin forzarlo.

El entorno juega un papel clave: una habitación oscura, silenciosa y con una temperatura adecuada facilita un sueño más reparador.

En cuanto a la rutina diaria, levantarse cada día a la misma hora, realizar actividad física —preferiblemente por la mañana y con exposición a la luz natural— y limitar las siestas a unos pocos minutos puede ayudar a regular el ritmo del sueño.

Por último, conviene tener presente que el alcohol y el tabaco no ayudan a descansar mejor: aunque puedan parecer relajantes, acaban empeorando la calidad del sueño.

El papel de las personas cuidadoras

En el caso de personas mayores dependientes, es importante detectar posibles problemas de sueño y trabajar conjuntamente con los profesionales sanitarios para gestionarlos. Al mismo tiempo, las personas cuidadoras también deben cuidar su propio descanso y pedir apoyo cuando sea necesario, para evitar la sobrecarga física y emocional.

¿Cuándo consultar a un profesional?

Es recomendable solicitar asesoramiento médico cuando existen dificultades persistentes para dormir, sueño no reparador, somnolencia durante el día, sospecha de apneas del sueño, síndrome de piernas inquietas, pesadillas frecuentes o, en el caso de las mujeres, sofocos nocturnos que interfieren en el descanso.

Dormir bien es una pieza clave para envejecer con más salud y bienestar. Abordar las dificultades del sueño de forma adecuada puede mejorar significativamente la calidad de vida tanto de las personas mayores como de quienes las cuidan.

Si te interesa recibir información sobre actividades dirigidas a personas cuidadoras, ¡apúntate a la Comunidad Aliura!

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