Información para la familia 

Cuidar a un ser querido puede ser gratificante, pero también supone importantes retos.

Conocer los posibles conflictos con antelación permite prepararse y gestionar cada situación con calma y comprensión.

madre e hija sonriendo a camara

Brindar soporte con seguridad

El proceso de acompañamiento suele ser gradual. Poco a poco irás reconociendo cambios, adaptándote a nuevas necesidades y aprendiendo a ofrecer apoyo con paciencia y respeto. No se trata de hacerlo todo perfecto, sino de avanzar paso a paso, cuidándote también a ti mismo o a ti misma.

En esta página encontrarás herramientas claras y prácticas para acompañar a la persona mayor que amas y afrontar la situación con tranquilidad y seguridad, sintiéndote acompañado o acompañada en cada etapa.

¿Qué puede hacer la familia? 

  • Reconocer que existe una persona cuidadora principal (es la persona que asume la mayor parte de las tareas y responsabilidades que implica el cuidado).

     

  • Es bueno que la persona cuidadora principal acepte compartir tareas y responsabilidades. Aunque a veces nos quejemos de la cantidad de cosas que hay que hacer, también suele pasar que nos cuesta aceptar la ayuda que nos ofrecen. Es cierto que, si otra persona realiza las tareas, no las hará igual que tú. Pero eso no significa que estén mal hechas. Ten en cuenta que compartir el cuidado es bueno tanto para ti como para la persona dependiente.

     

  • Del mismo modo, es importante que todas las personas que forman el núcleo familiar reconozcan la labor de la persona cuidadora y estén atentas a darle apoyo cuando lo necesite (y que no esperen a que sea la persona cuidadora principal quien pida ayuda…)

     

persona mayor recibiendo atencion a domicilio

¿Quieres ayudar a una persona cuidadora?

Si observas con atención, encontrarás muchas oportunidades para interesarte, dar apoyo y ofrecer ayuda.

  • Ante el conflicto es importante crear el espacio y el tiempo para dialogar y para que cada persona exprese qué le pasa, qué siente y qué necesita.

     

  • En muchos casos, el cuidado genera consecuencias económicas que afectan a las relaciones familiares. Hay que hablar de ello abiertamente y buscar soluciones.

     

  • Finalmente, a veces surgen conflictos sobre la manera en que se debe cuidar a la persona. En estas ocasiones es vital que todos los miembros del núcleo familiar expresen lo que sienten, ofrezcan soluciones y que las decisiones importantes se consensúen entre todos.

     

Profesionalizar el servicio

La experiencia demuestra que profesionalizar el servicio resulta beneficioso tanto para la persona atendida como para el resto de la familia.

Yo querría contratar a alguien. Pero creo que es mejor que la cuide yo.

  • Cuidar a alguien no es una tarea fácil; es cansado y puede llegar a ser muy frustrante. Profesionalizar el servicio te quita carga de tareas y te da un respiro cuando lo necesitas. Por ejemplo, sabemos que muchas mujeres dedican sus vacaciones a cuidar de otras personas. Es una situación injusta que afecta su salud física y mental.

     

  • Contratar ayuda profesional te permite tener espacio para continuar con tu proyecto vital. Puedes cuidar, pero también es conveniente que sigas haciendo aquello que es importante para ti: trabajar, cuidar de tus hijos, disfrutar de tu propia jubilación o cualquier otra actividad que quieras realizar.

     

  • Pero la razón principal es que profesionalizar el servicio te ayudará a recuperar el vínculo con tu familiar. Los profesionales podemos encargarnos de muchas tareas, pero lo que quieren las personas mayores es disfrutar del tiempo con la familia sin sentirse una carga.

     

¿Las personas mejoran con un servicio profesional?

Por supuesto que sí (y tiene una explicación sencilla).

Centre Residencial

Los Servicios de Atención Domiciliaria (SAD) son importantes, no tanto por lo que te dan, sino por lo que no te arrebatan.

Verás, las personas estamos apegadas a todo aquello que forma nuestras rutinas y da forma a nuestros días. Queremos ir a comprar el pan a la tienda de siempre, tomar el café donde nos conocen, saludar a la vecina, ir a la biblioteca del barrio… Y el SAD permite disfrutar de todo esto durante más tiempo.

Cuando llegue el momento, ¿no querrías lo mismo para ti?

Lógicamente, las personas preferimos estar el máximo tiempo posible donde siempre hemos vivido, donde tenemos nuestros vínculos con la comunidad. Como los servicios de ayuda a domicilio permiten que las personas estén en su entorno y sean autónomas durante más tiempo, son esenciales para asegurar su bienestar emocional y aumentar su calidad de vida.

Si contar con ayuda profesional es tan beneficioso (fomenta la autonomía de la persona dependiente, le permite estar más tiempo en casa, mejora su calidad de vida…).

¿Por qué tantas personas rechazan el servicio?

Es evidente que necesita ayuda.
Pero no quiere que venga nadie.
Ya no sé qué más puedo hacer.

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  • Todavía puedo hacerlo sin ayuda
    Con el paso del tiempo, cada vez nos resulta más difícil realizar algunas tareas (lavarnos, cargar peso, prepararnos la comida). Pero, aunque nos suponga más tiempo, esfuerzo o incluso pueda ser peligroso, preferimos adaptarnos antes que depender de otra persona. No queremos que nos vean como alguien que necesita ayuda (nuestra identidad está en juego).

     

  • No quiero molestar (seguro que lo has oído muchas veces…)
    Es cierto: las personas mayores y dependientes no quieren ser una carga para sus familiares y amistades. Por eso rechazan la ayuda.

     

  • No quiero que alguien desconocido entre en mi casa
    Las personas somos territoriales y no nos gusta que alguien desconocido entre en casa. Aunque sepamos que es una persona profesional y que limpiar, cuidarnos, etc., es su trabajo (y que probablemente nos beneficiará), a nadie le gusta que alguien “nuevo” entre en su espacio y vea su intimidad.

     

¿Cuándo debe pedir ayuda un cuidador no profesional?

Preguntar no suele ser la mejor estrategia, porque en general a las personas nos cuesta reconocer que necesitamos ayuda (y, además, no queremos preocupar a nadie).

Ya lo ves, cuando un hijo habla con su madre, es probable que ella le responda que todo va bien: ha ido a comprar, se ha duchado, mañana irá a pasear con sus amigas… Pero lo que no le contará es que quizá preferiría ducharse todos los días, pero ahora solo lo hace una vez por semana porque le cuesta mucho hacerlo sola.

O que cada vez le resulta más difícil cargar peso y que, como es incapaz de llevar una botella de aceite y un kilo de fruta al mismo tiempo, ahora tiene que salir a comprar casi todos los días y eso le provoca cansancio.

Mi padre era muy aseado, pero ahora casi no se lava. No sé qué está pasando.

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¿Cuándo es el momento de intervenir?

Cuando existe peligro para la persona.
Por ejemplo: se olvida de tomar la medicación, se despista y deja el fuego de la cocina encendido, vestirse le resulta tan difícil que puede caerse o hacerse daño… El peligro es el indicador de que hay que actuar.

Cuando vemos que a la persona le falta algo que para ella era importante.
Un caso típico es cuando alguien que a lo largo de toda su vida consideró una prioridad tener la casa limpia, ahora tiene su espacio desordenado o sucio. O cuando alguien solía ir al mercado o a la biblioteca y ahora ya no va. Puede que diga que ya no le apetece, pero al final reconocerá que lo que ocurre es que le cuesta caminar o se siente insegura al salir sola a la calle.
 

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¿Cómo comenzar? 

Después de más de 40 años dedicados a la atención de personas mayores y dependientes, sabemos que, aunque al principio haya personas que rechacen el servicio, si se empieza poco a poco (por ejemplo, 1 o 2 horas por semana), esas horas pueden marcar una gran diferencia. Como a todos nos gusta tener la casa limpia, pronto aceptan recibir esta ayuda de manera regular.

Los equipos de profesionales de este sector están acostumbrados a gestionar las resistencias iniciales.

Se trabaja con respeto y profesionalidad y, cuando la persona ve que se la tiene en cuenta, que no se invade su intimidad y que las tareas se hacen exactamente como ella quiere, se gana su confianza.

Una vez pasado el período de adaptación, la persona valora el servicio y es habitual que se cree un vínculo de afecto con la persona que viene a realizar las tareas de limpieza.

Entonces, si es necesario, resulta fácil introducir más horas de limpieza u otras tareas que ahora sean necesarias: preparar la comida, acompañar a una visita médica, ayudar en la higiene personal…

Cuidar supone un gasto para las familias

Por un lado, cuando asumes el papel de persona cuidadora, a menudo te ves obligada a dejar de trabajar fuera de casa (y, por tanto, dejas de generar ingresos).

Por otro lado, el cuidado genera gastos (descubrir cuánto cuesta una muleta o un asiento para la ducha puede ser toda una sorpresa).

A veces surge la necesidad de cubrir los gastos con la venta de patrimonio o utilizando los ahorros de la persona dependiente o de otros miembros de la familia… y eso genera fricciones.

A menudo, la situación financiera de la familia se convierte en otra fuente de estrés.

Por eso es tan importante pedir ayuda.

En muchos casos, la Ley de Dependencia cubrirá parte de los gastos. En otros, la comunidad prestará servicios de manera gratuita a través de asociaciones de voluntariado. Otras veces, tendremos acceso a otros recursos públicos (de ámbito municipal o autonómico…).

Perspectiva de futuro

En un proceso de dependencia rara vez podemos predecir con exactitud qué pasará (o cuándo). 

Pero, si lo deseas, estaremos a tu lado y podrás contar con nosotros.

“No sabemos cómo será el camino, pero te ayudaremos a recorrerlo y caminaremos a tu lado, ofreciéndote la ayuda que necesites en cada momento.

Hace mucho tiempo nos dimos cuenta de que esto era lo que realmente necesitaban las familias: una empresa capaz de dar respuesta a todas las situaciones que plantea un proceso de dependencia.

Y esto es exactamente lo que hacemos en Suara Cooperativa: acompañaros y ofreceros soluciones en cada fase del proceso.”

Sílvia Moragas
Directora del Servicio de Atención a Domicilio de Suara

Preguntas frecuentes para cuidadores no profesionales

¿Quién puede ser cuidador o cuidadora de una persona dependiente?

Cualquier persona que asuma de manera continuada las tareas de atención, acompañamiento y apoyo emocional de una persona dependiente. En muchos casos, son familiares que no han recibido formación específica pero que desempeñan un papel esencial.

¿Qué ayudas existen para cuidadores de personas dependientes?

Los cuidadores pueden acceder a prestaciones económicas, servicios de respiro familiar, formación gratuita y apoyo psicológico. La Ley de Dependencia prevé ayudas específicas para cuidadores no profesionales.

¿Cómo saber si necesito ayuda como cuidador/a?

Si sientes agotamiento físico o emocional, si has dejado de lado tu vida personal o laboral, o si el cuidado empieza a generar conflictos familiares, es momento de pedir apoyo. Profesionalizar el servicio puede ayudarte a recuperar tu bienestar y tu vínculo con la persona atendida.

¿Es compatible trabajar y ser cuidador/a de una persona dependiente?

Sí, pero puede resultar muy exigente. Por eso existen ayudas económicas y servicios públicos que permiten conciliar el cuidado con la vida laboral. Es importante informarse y pedir apoyo cuando sea necesario.

¿Qué pasa si la persona dependiente rechaza la ayuda profesional?

Es habitual que al principio haya resistencia. Muchas personas mayores no quieren sentirse una carga o temen perder su intimidad. Comenzar con pocas horas semanales y respetar su ritmo puede facilitar la adaptación.

¿Cómo afecta el cuidado a la economía familiar?

Cuidar implica gastos directos (productos de apoyo, servicios, transporte) y también indirectos (pérdida de ingresos si se deja de trabajar). Es importante hablar de ello en familia y explorar las ayudas disponibles para cuidadores de personas dependientes.

¿Qué servicios existen para dar apoyo a cuidadores no profesionales?

Formación, asesoramiento, grupos de apoyo, servicios de respiro y orientación personalizada. En Cataluña, puedes consultar con los Servicios Sociales o entidades como Suara Cooperativa.

¿Cómo puedo empezar a profesionalizar el cuidado?

Puedes contactar con servicios de atención domiciliaria, solicitar una valoración de dependencia y explorar opciones de ayuda parcial. Profesionalizar no significa dejar de cuidar, sino hacerlo con más apoyo y calidad de vida.

Conoce la comunidad Aliura!

El portal de referencia para acompañar a las personas mayores y a sus familiares en todas las fases y en todo el proceso de dependencia. 

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